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Cucamba, el paraíso del pueblo Mokaná

Es un pequeño paraíso de leyendas, adornado con pozos de aguas cristalinas y árboles gigantescos desconocidos para muchos, pero que conviven al natural con las familias de la población Mokaná.

No tiene nada que envidiarle al Parque Tayrona de la Sierra Nevada de Santa Marta y está cerca de Barranquilla, al final de un sendero que se desvía a tres kilómetros del peaje de Puerto Colombia (Atlántico), en el kilómetro 91 de la Vía al Mar en el sentido Cartagena-Barranquilla.

La desviación avanza en sentido contrario al mar, por la vereda Bajo Ostión, donde se ve un sendero salpicado por las primeras casas mokaná. Es poco lo que un carro logra internarse, quizás kilómetro y medio, de allí en adelante el terreno transitable se angosta y se vuelve el más apropiado para una caminata ecológica.

Al final, luego de un ascenso moderado, se llega a Cucamba, un pequeño poblado sobre una meseta que fue cementerio de este grupo indígena, cuyas primeras referencias las dio el conquistador Pedro de Heredia a principios del Siglo XVI. Allí viven unos 200 descenidente de los primeros pobladores.

"Por aquí viene gente de vez en cuando, pero nos gustaría montar algo más organizado con caminatas turísticas por nuestro territorio. Ojalá eso se diera porque sería fuente de ingresos para nuestras familias", dice el presidente del Cabildo Indígena de Bajo Ostión, Efraín Vásquez Hernández.

El Consorcio Vía al Mar, que administra la carretera a Cartagena, ha expresado su intención de ayudarlos en eso, pero primero deben ellos organizarse. Luego se podría evaluar formalmente la idea.

Un recorrido ecoturístico por la zona incluiría el disfrute del pozo de aguas cristalinas al que se desciende luego del reposo en Cucamba.

Es el mismo pozo donde hasta hace 15 años funcionaba un cantil de lavanderas y donde en cualquier momento se escucha el estrépito de una zambullida en clavado.

Se dice que es el Mohán, un personaje ambiguo que hace años se aparecía en la orilla e invitaba a un chapuzón al caminante.
Benito Hernández, uno de los más viejos, recuerda haberlo visto hace 40 años.

Se le apareció en forma de mujer, y luego de convidarlo se lanzó al agua para desaparecer bajo la onda circular. Desde entonces es una leyenda al igual que la Mateo Rúa que doblaba metales con su mandíbula.

JAVIER FRANCO ALTAMAR
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
TUBARÁ (ATLÁNTICO).

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